Karibuni! – Bienvenidos

A este blog que nace para recoger las vivencias y hazañas de dos jóvenes españolas que viajarán a Kenia, el próximo mes de septiembre, para grabar un documental sobre Malaria. Se llaman Ana y Zuriñe y han sido las ganadoras del primer concurso de vídeo, organizado por la campaña Stop Malaria Now!

 

Junto a otros diez estudiantes de Europa y África van a recorrer los poblados de Kenia donde conocerán de primera mano como es la vida de las personas que tienen esta enfermedad.

 

“Tu visión de la malaria” será un documental ilustrativo, que nace de la mirada de 12 jovenes concienciados con esta enfermedad que es una amenaza constante para la mitad de la población mundial y mata a casi un millón de personas cada año, el 90% en África subsahariana.

 

A través de este espacio virtual, Ana y Zuriñe nos contarán, siempre que la tecnología se lo permita, qué han aprendido, qué sienten y cuáles son sus reflexiones ante una realidad nueva y apasionante.

 

Os deseamos lo mejor en esta aventura.

 

Safari njema – ¡Buen viaje!

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Ana Sirvent nos cuenta su experiencia en Kenia

El próximo jueves, 4 de noviembre, a las 18 horas, en el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza, Ana Sirvent va a dar una charla en la que nos contará su experiencia en África.

Todos aquellos que habéis seguido la historia de esta joven aragonesa en Kenia no os perdáis esta oportunidad de conocerla y de que os cuente en primera persona cúal fue su experiencia.

Estáis todos invitados!

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Una joven navarra ha colaborado en Kenia en un documental sobre la malaria

La navarra Zuriñe Eslava ha colaborado en Kenia, junto con jóvenes de seis países, en la elaboración de un documental sobre la malaria dentro de la campaña de medicusmundi contra una enfermedad con un millón de muertes al año.

En la pared de la habitación de Zuriñe hay escrita una frase de la antropóloga Margaret Mean: “Nunca digas que los idealistas no cambiarán el mundo, ellos son la única cosa que lo han hecho”. Esta joven nacida en Lumbier hace 24 años ya puede colgar junto a este cartel, las fotos de una corta pero intensa experiencia en Kenia para grabar un documental sobre la malaria en compañia de otros once jóvenes africanos y europeos de la mano de la campaña Stop Malaria Now!

No son las únicas imágenes. Voluntaria de medicusmundi Navarra, acumula experiencias ligadas a la cooperación en Perú y en el Sahara. Su compromiso le ha llevado a viajar a Latinoamérica y África y aplicar en este ámbito social su formación como Socióloga y Trabajadora Social, carrera que estudió en la UPNA (Universidad Pública de Navarra).

“Mi interés por la Cooperación al Desarrollo surgió a raíz de mi estancia en Perú para realizar mis prácticas universitarias dentro del programa Formación Solidaria”, explica. Zuriñe estuvo en 2007 cuatro meses en Churcampa (Huancavelica), en plenos Andes peruanos. También en aquella ocasión la colaboración fue con medicusmundi. “Fue duro porque ver la pobreza de primera mano impacta. Estamos muy acostumbrados a verla por televisión pero no a sentirla”, recuerda.

Dos años más tarde, tuvo la oportunidad de viajar al Sahara al campo de refugiados en Argelia, Tinduf, mediante el Festival Internacional de Cine del Sahara (FISAHARA). ” Realice este viaje porque me presenté, con unas amigas, al concurso “Jóvenes en Busca del Sur”, también de medicusmundi. “Nuestro grupo, que se llama No es utopía, se quedó segundo. Estuvimos durante una semana viviendo en casa de una familia Seg, Mohamed, Nordi y Salaka y vimos de primera mano la realidad de la vida cotidiana de estas personas”, rememora. Kenia ha sido pues su tercer viaje a países empobrecidos, una experiencia que califica como “muy enriquecedora”. Zuriñe Eslava ha estado en una ciudad costera, llamada Malindi, grabando un documental sobre la malaria junto a otros 11 jovenes europeos y africanos .

Si quieres saber más sobre la experiencia de esta joven en Kenia puedes consultar en este enlace: http://www.noticiasdenavarra.com/2010/10/03/sociedad/navarra/stop-malaria-now

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“Ven la malaria como nosotros aquí la gripe”

La aragonesa Ana Sirvent viajó a Kenia para grabar un documental sobre la enfermedad.

26/09/2010 Teresa RIVASÉS 

Mueren dos niños por minuto. Al año, un millón de personas pierden la vida y 250 millones quedan infectados. Este es el impacto que causa la malaria, una enfermedad provocada por un mosquito, sobre todo en países de Asia y África. Una realidad que Ana Sirvent, una zaragozana de 25 años licenciada en Periodismo, apenas conocía antes de viajar a Kenia con el programa Stop malaria now!, impulsado por oenegés europeas como Medicos Mundi para concienciar a los jóvenes del problema.

Ana se fue queriendo “conocer, conocer, conocer”. Y aunque ha aprendido cientos de cosas, la vuelta le dejó casi sin palabras. “Ellos ven la malaria como nosotros vemos aquí una gripe de invierno”, explica como si todavía no se lo hubiese terminado de creer.

A través de un vídeo se dio cuenta del desconocimiento que hay en España de lo que es la malaria. El premio, poder ver con sus ojos cómo se vive desde un lugar como Malindi, desde dentro, y con una misión: elaborar un documental durante dos semanas junto a otros diez jóvenes como ella. Los dos primeros días se reunieron con los coordinadores para debatir los ejes del trabajo, que se concretaron en cuatro: creencias culturales, falta de conocimiento, carencia de servicios médicos y la pobreza. En este último grupo estaba Ana.

 

El cómo y el cuándo

Tras “darle muchas vueltas a la cabeza”, decidieron proyectar la idea de que “la pobreza y la malaria son un círculo vicioso del que no se puede salir. Hay malaria en un sitio porque hay pobreza”, afirma contundente. Esta enfermedad tiene cura, pero muchos deciden ser ignorantes por la falta de dinero e incluso los hay que creen que “esto no lo crea un mosquito”. Con la ayuda de varios técnicos, editaron las entrevistas y las fueron sumando a las que habían hecho los otros grupos. El vídeo estará listo dentro de unos dos meses y después será utilizado por las organizaciones.

El día más especial para Ana fue el que conoció a Sheldon, un biólogo más consciente de lo que le rodeaba. “Ese día volví al hotel alucinando y no queríamos que llegara el momento de terminar”, confiesa. De hecho, si tuviera que quedarse con una persona de las que ha conocido a lo largo de todo el viaje, sería con él. De allí se trae muchos recuerdos y una experiencia inolvidable. Y cómo no, las ganas de cambiar el mundo.

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Domingo 27, desde la distancia

Hace una semana que he vuelto y por primera vez me he puesto a leer aquellas palabras que escribí la noche antes de comenzar mi viaje. Leer algo escrito días antes te ayuda a entender más cómo eres. Te ayuda a analizar lo que has sentido en cada momento y a darnos cuenta de cómo cambiamos en tan solo unos días. A veces no recordamos ni nuestras propias palabras.

 

Mis últimas reflexiones en ese primer capítulo del diario hacen referencia hacia mi obligación personal de tener que trasmitir lo vivido allí. Y me choca precisamente por cómo he vuelto del viaje.

 

He vuelto con pocas ganas de hablar, tengo que reconocerlo. Tanto física como psicológicamente he venido bastante tocada. Tampoco es que lo esté pasando mal pero no me siento muy ubicada. Pero lo más frustrante de todo es que no tenga ganas de hablar o me cueste reflexionar sobre lo vivido.

Supongo, ahora que han pasado los días, que por un lado es una realidad que me ha chocado mucho conocer tan de cerca pero sobre todo creo que mi desgana proviene de pensar lo difícil que es conseguir ayudar a cambiar la situación de estos países. A cada cosa que veía, realmente pensaba “estas cosas las he visto por la tele” pero no es lo mismo. Ahora me he dado cuenta. La televisión nos deshumaniza y desensibiliza mucho más de lo que nos damos cuenta. Viviéndolas allí, durante unas horas con esa gente mirándote a los ojos del mismo modo que tú les miras a ellos, sentirte dentro de ese cuadro, eleva los sentimientos de una manera que creo es difícil de imaginar si no has vivido.

Pienso en cómo es su vida y claro que creo que tiene que mejorar. Y no es que tengas que tener una vida similar a la nuestra para ser felices, de hecho prefiero que tampoco la tengan. Estamos demasiado viciados con llenar nuestro tiempo libre y nuestros insignificantes dilemas del día a día.  Aunque no necesiten vivir como nosotros hay muchas cosas que tienen que cambiar en sus vidas. No me gusta que estas gentes miren a los blancos como una mina de la que sacar dinero fácil, no me gusta que la corrupción esté a pie de calle, no me gusta que los gobiernos, instituciones y empresas tengan otras cosas en las que pensar, no me gusta ver niñas cargando con un bebe todo el día a la espalda, no me gusta ver a una mujer de 60 años sudando a chorros llevando una garrafa de diez litros de agua encima de su cabeza, no me gusta que éstas historias se repitan y multipliquen por doquier. Me desquicia, me enerva, me turba.

No me gustan muchas cosas, pero tampoco sé cómo acabar con ellas, supongo que por eso mi boca se mantiene cerrada, aunque mi cabeza no pare de dar vueltas. Impotencia e indignación mezclados en combinación perfecta para trastocar a un ser humano como yo.

Ana Sirvent

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Domingo 19, la vuelta

Zuriñe, Indi y yo somos los últimos en dejar el hotel. A las 10 nos vendrá a buscar un chófer para lelvarnos de nuevo a Mombasa. Todos han comenzado el regreso esta madrugada. La única que quedará después de nosotros será Laura, la concursante alemana que se quedará en Malindi más días. Como creo haber contado ya, ella pasó un año en Kenia, tiene amigos aquí y sabe hablar Suahili. Por ello Laura va a tomarse con calma lo de hacer la maleta aunque haya que dejar el hotel a las 10. Así es Laura, una tía muy independiente e interesante.

Cuando en el desayuno nos despedimos de ella se acabó hablar inglés. Indi, aunque también es alemán sabe castellano ya que su padre es colombiano. Echaré de menos hablar todo el día inglés. Aunque a veces resulta agotador me encanta tener la mente activa. Es como más se aprende.

El mismo chófer que a la ida, Joseph, viene a buscarnos.

Me monto alante porque quiero hacer mis últimas fotos en las dos horas que me quedan en este país. No quiero desaprovecharlas.  Además, volveremos a pasar por Mombasa y tengo muchas ganas de volver a verla, con otros ojos ya que en estos días he aprendido mucho de la vida aquí. Me fijaré en otros detalles supongo.

Zuriñe e Indi se duermen algún rato. No sé cómo pueden.  Salimos ayer por la noche y hemos dormido muy poco, sobre todo Indi que se fue a la playa con algunos al llegar al hotel. Aun así, yo no puedo dormir. Hago muchas fotos, muy pocas valen pero no quiero perder tiempo ni borrándolas. Ya haré todas esas cosas en el avión.

La vegetación vuelve a ser uno de los mayores puntos de atracción

 

En toda la carretera que lleva a Mombasa la anchura es la de apenas dos carriles y por supuesto no hay líneas de separación.  Aquí hay una le muy simple, cuanto más grande es el vehículo más prioridad tiene para utilizar la carretera. Por ello las bicis y motocicletas a veces tienen que salirse de ella.

Al llegar a Mombasa la carretera se va ensanchando pero la imagen de pobreza apenas cambia. Aunque tiene edificios de cuatro y cinco pisos tienen una imagen tan destartalada como el centro de Malindi. Eso sí, aquí es el único lugar donde he visto a gente apilada en los grandes semáforos pidiendo dinero alegando discapacidades físicas.

En el aeropuerto será la última vez que me miren con curiosidad y me pregunten si me duele el piercing del labio.  Creo que unas 30 veces ha tenido que responder a esa pregunta en el viaje. Era algo que no esperaba en un país donde muchos masáis tiene los lóbulos de las orejas con agujeros enormemente dilatados.

Cuando el avión se dispone a despegar Zuriñe está dormida. Así que, en nuestro cubículo de doble asiento, me siento como si estuviera sola, lo que facilita que mis sentimientos puedan fluir con mucha más facilidad.

El avión corre por la pista hasta el momento en el que empieza a elevarse sobre el suelo de Kenia. Es inevitable mirar por la ventana viendo como cada segundo has más y más distancia.

La emoción me embarga y una lágrima asoma por mis fríos ojos. Es una realidad tal lejana la conocida estos días. El idioma, la cultura, la condición socio-cultural.

Supongo que no solo es por Kenia, sino por no saber cuándo podré volver  a vivir algo como lo ocurrido estos días.

Ni hacer turismo en la otra punta del mundo, ni perderte durante un tiempo en cualquier ciudad europea tiene comparación a esto. 

La intensidad de la experiencia es abrumadora. Conocer y convivir cada día con una realidad como la del pueblo de Mtangani. Estar allí luchando por concienciar. Todo ello trabajando día a día con jóvenes europeos y africanos.

Un sueño hecho realidad. Espero que haya muchas más aventuras así en mi vida.

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Sábado 18, los imprescindibles regalos

Tras trabajar por la mañana en el montaje queda poco que hacer. Nuestro trabajo de postproducción no es exhaustivo. Debemos elegir las imágenes y partes de las entrevistas que nos interesan ordenándolas en una línea de tiempo en el programa final cut.  Dejamos unos 10 minutos de imágenes que después Nyokabi y los técnicos alemanes reducirán hasta cinco minutos y añadirán la voz narrativa con el guión que les hemos dado.

Al acabar decido irme con Zuriñe al mercado turista que hay en la ciudad de Malindi. Las italianas ya han ido alguna vez y nos instan a que vayamos ya que es el mejor sitio donde encontrar detalles para regalar a nuestros familiares y amigos. 

De nuevo, la estampa es digna de remarcar.

El regateo es obligatorio. Ellos en principio marcan un precio altísimo y tú debes hacer lo mismo pero en sentido opuesto. En mis primeros intentos cometí un típico error de principiante  marcando, en esa primera puja, el valor que tenía. Así nunca pagaré ese precio.

El lugar era completamente estresante. Éramos las únicas clientes, de al menos cien puestos artesanales, y los vendedores no dejaban de llamar nuestra atención para que entrásemos en su puestecito.  Estando en una tienda aparecía otro vendedor para que le prometieras que la siguiente que verías sería la suya.  Cuando te ibas de una tienda después de interesarte por algún artículo con la escusa de “quiero mirar más y si no vuelvo” te hacían prometerles que volverías.

Usaban diversas técnicas, todos muy amables, solían presentarse, te preguntaban el nombre, llamaban tu atención sobre los objetos para que no dejaras de mirarlos. Era muy difícil recular y hacer amago de querer salir de allí. Cuando entras algunos de ellos te mencionan que la situación está muy mal que hay pocos turistas y ven en ti la posibilidad de llevarse algo por fin.

Y una vez te gustaba algo, empezaba el regateo. Ellos marcan unos precios, empieza la negociación y bajan el precio. Toda su expresión recoge cierta indignación, asegurando que no pueden bajar más el precio ya que si no, no  ganarían nada.  Eso es imposible, marcaban precios mínimos similares a lo que te pueden costar esos productos en Europa. Un llavero, dos euros por ejemplo. Es imposible que ese sea el precio mínimo cuando un plato de comida en un restaurante cuesta 1 euro y medio.

Pero el desgaste psicológico de ser occidental empieza a hacer mella. Te sientes ridícula e incluso mala persona por estar regateando 50 céntimos o un euro. Muchos de ellos además se muestran desesperados intentando hacerte ver que si les compras algo podrán comer hoy.

Es muy duro y psicológicamente  agotador.  Hay momentos en los que solo quieres cerrar los ojos y salir de allí en ese preciso instante. Sientes que eres una presa, la que tiene esos billetes tan suculentos. La que ve 100 chillins como un mísero euro cuando para ellos es muchísimo más.

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Viernes 17, esto pronto acaba

Ayer por la noche Laura, la chica alemana nos digo de ir a una fiesta en un bar de la playa que está al otro lado de la ciudad. Aunque un poco cansada, decido ir ya que es la primera vez que vamos de fiesta todos juntos, empezamos a sentirnos entre nosotros como en casa y empieza a aparecer en nuestras mentes el poco tiempo que queda de experiencia.

En lugar no resultó ser lo que esperábamos. Bastante “chic”, para turistas y bastante caro. Como no llevamos mucho dinero y Antje, la coordinadora, nos había citado a todos las 10 de la mañana en el hall del hotel acabamos volviendo a casa a las 4 de la mañana.

A las nueve todos desayunando y con nuestras camisetas amarillas de STOP MALARIA NOW que nos dieron el primer día.

Antje llega con una gran pancarta de tela sobre la lucha por la erradicación de la pobreza ya que hoy es el día que lo celebra Naciones Unidas. Quiere que vayamos todos juntos a hacernos una foto para enviarla a la organización, Action Medeor, pero debemos pensar dónde vamos a tomarla.

Por unanimidad decidimos ir andando a Roots, un bar muy especial que está cerca del hotel, a medio camino de Mtangani, el poblado al que nuestro grupo ha basado todo su trabajo.

Roots ( Raíces) es un bar al aire libre emplazado bajo un gran árbol completamente lleno de raíces que salen de sus ramas y su tronco creciendo hacia el suelo. Aunque parezca difícil de imaginar son como las famosas lianas sobre las que se lanzaba Tarzán. Éstas crece poco a poco hasta que se anclan al suelo lo que las permite crecer a lo ancho y parecer con el tiempo un tronco más del árbol.

El árbol es un espectacular ejemplar rodeado de una barra de bar, mesas y sillas todas de madera. Incluso unas escaleras suben rodeando algunos de los troncos del Árbol pudiendo acceder a una estancia superior, donde también puedes tomar algo. Todas las construcciones guardan cuidadosamente el ambiente natural del que se rodea. Todo está hecho de manera muy artesanal.

 La múscia reggae predomina en el lugar, las banderas de diferentes nacionalidades y un cuaderno que ofrece a los nuevos visitantes para que dejen constancia de qué les ha parecido el lugar.

Al llegar también está allí uno de los niños que más conocí en el poblado el segundo día que fui a Mtangani a buscar entrevistas. Un precioso niño que ese día nos acompañó en nuestra visita al pueblo y siempre iba agarrado a ni mano, daba igual a dónde fuéramos. Ni asustando, ni demasiado extasiado, ni porque lo están haciendo otros. Solamente porque estaba feliz. Es un niño con una gran energía.

Pero la enorme sorpresa fue que cuando el niño me vio, abrió sus ojos enormemente y empezó a correr a toda velocidad hasta que al llegar a mi lado saltó para que lo cogiera con mis brazos. No lo esperaba, estábamos llegando todos a la vez, todos con nuestras camisetas, muchos blancos, y no esperaba que se acordara de mí de esa manera. Por ello no puedo soltarlo y no paro de dar vueltas con él y hacerle cosquillas tal y como le hago siempre a mi sobrina. El tampoco quiere soltarme. Muy emocionante, sobre todo porque yo suelo ser una persona bastante fría.

Tras hacernos la foto con la pancarta hemos estado un rato por el lugar sin parar de hacernos fotos por el lugar pero sin posar, cogiendo instantáneas robadas de las sensaciones del momento. Supongo que todos tenemos en mente que queda muy poco y realmente nos hemos cogido cariño.

Antes de volver, Dennis Amos y yo, decidimos pasar por Mtangani, que está cerca, para agradecer a Sheldon toda la ayuda prestada. Agradecimiento tanto verbal como económico. Todos lo tenemos claro desde hace días. Se lo merece por las horas que le hemos robado de su tiempo.

De vuelta al hotel los grupos hemos estado visionando todo el material grabado para decidir qué partes nos interesan de cada entrevista. Resulta un poco frustrante para mí porque son en Suahili y Dennis y Amos tienen que traducirme. Para mí resulta muy fácil hacer este trabajo, lo he estado haciendo todo el verano, grabar una rueda de prensa y elegir qué parte condensa una idea buena; pero aquí no puedo ayudar.  Aún así, ante mi preocupación inicial acabo viendo que ambos saben qué es lo importante a destacar de cada historia. A veces se me olvida que Dennis también ha estudiado periodismo. No ha ejercido el puro periodismo pero sí la narrativa audiovisual, por lo cual tiene facilidad para saber elegir los elementos para crear una historia lineal.

Es importante que no nos repitamos en las historias. Debemos diferenciar las historias aunque todas pretendan remarcar el aspecto económico. De la primera historia nos centraremos en el deterioro físico de parecer malaria, ya que es la mujer entrevistada que tiene menos capacidad de desarrollar una vida normal.

De las dos historias siguientes incidiremos en la poco cantidad de dinero que ganan al día y la grave dificultad que supone para ellos sustentar a la familia.

La última entrevistase centrará en los sacrificios que supone para una madre cuando su hijo está enfermo, gracias a la última e inesperada historia que conseguimos ayer. Aunque tenemos muchas cosas claras, dejamos cosas en el aire que habrá que habrá que finiquitar al día siguiente, el último ya.

MÁS FOTOS DE LA MAÑANA EN ROOTS

Ana Sirvent

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Jueves 16, último día de rodaje

Hoy retornamos al trabajo con mucha fuerza. Decidimos ir por la mañana a Mtangani a grabar las dos entrevistas que preparamos el primer día y, si queda tiempo, captar imágenes de recursos y hacer la entrevista final a Sheldon. Queremos que nos resuma en pocas palabras lo que nos dijo el primer día de conocernos sobre la ignorancia de la gente y la dificultad para hacerles entender que es importante tratarse de la malaria. Así conectar nuestra historia con la siguiente que es la relativa a las creencias culturales y el misticismo que rodea a los africanos.

Marta, de Italia, Indi, de Alemania, deciden acompañarnos ya que hasta por la tarde no tienen que salir con su grupo. Además, viene Mateusz, un médico polaco que se incorporó el lunes con la coordinadora de ese país. Como no se presentó nadie al concurso en su país, decidieron traerle debido a su experiencia y porque él ha vivido un año en Tanzania.

Mateusz

Al llegar, nuestros planes cambian ya que las dos mujeres que nos quedaban por grabar no están en el pueblo. De repente, cuando llevamos 5 minutos esperándolas y grabando imágenes de recursos, aparece otra historia delante de nosotros. Una madre que vive a dos casas de ésta y está a punto de dar la medicación a su hijo de dos años que esta enfermo de malaria. Es perfecto porque su historia se diferencia del resto en varios aspectos. Por ello, tras acabar creemos que no hace falta que busquemos más entrevistas.

Tan solo queda ir a un lago de agua estancada del pueblo donde el mosquito anofeles aparece. Es un lugar perfecto para grabar a Sheldon con su mensaje final. De vuelta a casa, otras cuantas imágenes de recurso de alguna calle donde también se estanca el agua debido a los huecos que crean los vehículos al pasar.

Saliendo del pueblo algunos entran a comprar agua, los que no están acostumbrados a pegarse toda la mañana en un pueblo sin apenas sombras. Como algunos niños siguen nuestros pasos, les compramos una bolsa grande de caramelos por apenas un euro.

Le preguntamos a Sheldon si quiere algo de beber pero, él nos recuerda, que en días anteriores, nos había ofrecido ir a su casa a tomar madafu (coco). Como está de camino aceptamos encantados la oferta.

Al llegar al lugar, nos damos cuenta de como es su hábitat. Un espacio abierto de unos 70 metros cuadrados rodeado por varias casas donde viven el resto de sus familiares. El renta una habitación en una casa contigua. Con un machete y la ayuda de algunos jóvenes de su familia arrancan los cocos del árbol, cortan la parte superior y bebemos el agua del coco.

 

 

Finalmente nos despedimos de Sheldon. Sabemos que lo más seguro es que no tengamos que volver más a rodar y por tanto no sería necesario volver al pueblo. Aún así le aseguramos a Sheldon que volveremos al día siguiente a despedirnos y aunque no se lo digamos ya hemos acordado darle algo de dinero.

Ana Sirvent

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Miércoles 15, segundo día de rodaje

A las 6 de la mañana suena el despertador, en media hora partimos a Mtangani. Un par de veces me he despertado durante la noche, una de ellas, como casi siempre, con cánticos musulmanes que provienen de la llamada a la oración de la mezquita de Malindi.

Durante esos lapsus nocturnos la preocupación porque mañana sea un día demasiado agotador y largo ayudan a desvelarme. Aún no sabemos muy bien que pasará porque Dennis, el técnico, debe volver a las 8 al hotel porque debe rodar otro trabajo que tienen con Antje.

A las 7 llegamos a la casa de Cadzo. Todos ya están vestidos pero también con cara de recién levantados. Es interesante conocer el lugar a diferentes hora del día. Intento imaginar como será este sitio de noche. Un gran cielo estrellado son las únicas luces que dan luz. Los serpenteantes caminos entre las casas y la dificultad de poder tantear el terreno para no caer, hacen ir con muchos cuidado. Pero volvamos a la realidad.

Decidimos grabar el camino que Cadzo hace para ir a poner su puesto en la calle. Después preparándolo en el lugar y vendiendo alguno de los diminutos pescados fritos. Le pedimos que pare a cada rato para poder prepararlo todo para la siguiente toma pero, todo va bastante rápido.En una media hora lo tenemos todo. La comunicación y el entendimiento se hacen notar y todo es mucho mas fluido que el día anterior.Como es pronto, decidimos volver al hotel con Dennis para desayunar y volver a salir después sin él.

De repente, aparece otro chico al que entrevistamos el segundo día de búsqueda de localizaciones pero, no teníamos muy claro si meterlo en la historia porque ya teníamos suficientes. Nos parece bien grabarlo ya que su casa está al lado, pero Dennis parece un poco preocupado porque le de tiempo a llegar al hotel a tiempo, pero solo dice, tenéis media hora.

Esta vez manejo yo la cámara. Ya tenia ganas de grabar algo mas que recursos. A penas tardamos 20 minutos, estamos aprendiendo rápido a economizar el tiempo.

Finalmente volvemos al hotel a desayunar. Allí, Thorsten nos informa de que necesitan nuestro trípode y micrófono para el rodaje al que va a ir Dennis. Vamos muy bien de tiempo, 3 entrevistas en dos días teniendo 5 para rodar. Así que decidimos relajarnos hasta que vuelva Dennis.

Tras retomar el sueño hasta las 12 y media de la mañana, decido aprovechar el día. Ir a la playa a pasear con la cámara es lo que más me apetece. Me siento tan viva estando yo sola en un lugar lejano. Creo que a partir de aquí sobran las palabras

 

Cuando Dennis vuelve, a las 3 de la tarde, está exhausto. No han debido tener mucha suerte durante la mañana. Nosotros estamos demasiado relajados. El haber disfrutado de una mañana libre sin hacer nada nos hemos vuelto un poco vagos. Decidimos captar las imágenes de por la mañana y retomar mañana el trabajo.

Ana Sirvent

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Martes 14, primer dia de rodaje

El primer día de rodaje resulta un poco caótico. Vamos a una de las casas en Mtangani a hacer la entrevista. Perdemos mucho tiempo preparando, decidiendo donde ubicar la cámara, etc.Vuelvo a recordar la época en que estudiaba Realización de Audiovisuales. En los rodajes la mayoría del tiempo se va esperando a que los diferentes elementos, video, sonido, luz, estén listos. 

La primera entrevista dura 36 minutos, demasiado, teniendo en cuenta que apenas tendremos un minuto de espacio para condensar cada entrevista. Amos, que es el entrevistador, no ha captado el concepto de que ahora debemos sólo preguntar por aquello que nos interesa de cada historia. Yo, estoy sujetando en alto el micro y acabo con los brazos destrozados.  Además comentemos errores de principiantes y se nos olvida, al empezar a rodar, decirles que deben estar callados y que no pueden pasar por en medio. Hay momentos en que los niños hacen bastante ruido e incluso las mujeres, que no están en plano, se ponen a responder la pregunta. Una locura fílmicamente hablando. 

 

La segunda entrevista es en el mismo lugar, a una madre de familia, Cadzo. Aunque también cuesta decidir donde emplazar la cámara, la entrevista dura menos tiempo. Tras coger las imágenes de recurso necesarias, decidimos acabar por hoy. Cuando nos estamos despidiendo Cadzo nos dice que mañana irá a vender pescado a una calle cercana del pueblo, por si queremos ir a grabarlo. Eso sí, a las 7 de la mañana. Sera duro levantarse a las 6. Tendré que ponerme antimosquitos porque entonces aún hay. Zurine tuvo que salir sobre esa hora días anteriores y volvió con muchos picotazos en los pies. 

Cadzo

 

Hoy era el primer día de Dennis,el técnico alemán asignado a nuestro grupo. Me impresiona su tranquilidad y su capacidad para hacer que nos demos cuenta de nuestros errores sin parecer que está dirigiendo nada. Quiere que ante todo sea nuestro pero, sin hacer mucho ruido, realmente lo está controlando todo. Cuando volvemos, Zuriñe, mi compañera española, me comenta lo mismo de Thorsten, el técnico que acompaño a su grupo. 

Dennis a el centro de la imagen

 

Su profesionalidad y convicción de que este proyecto es nuestro, lo demuestran a cada instante con sus buenas formas. No te dicen, esto hay que hacerlo así. Primero te preguntan que quieres hacer y después si ellos creen que no es suficientemente correcto, muy sutilmente, te sugieren esos cambios.

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